De los videojuegos al campo de batalla: la nueva formación de los soldados británicos para pilotar drones

El Ejército británico ha comenzado a utilizar simuladores con apariencia de videojuego para preparar a sus operadores de drones FPV, unos dispositivos cada vez más presentes en los conflictos modernos por su velocidad, bajo coste y capacidad de maniobra. La iniciativa está siendo desarrollada por el 1.er Batallón de la Guardia Irlandesa, que emplea estos sistemas antes de que los soldados realicen vuelos reales.

La lógica del entrenamiento es sencilla: un operador puede estrellar un dron virtual tantas veces como sea necesario hasta adquirir la destreza suficiente, algo mucho más complicado cuando cada aparato real supone una inversión económica importante. Los simuladores permiten practicar vuelos entre obstáculos, recorridos en zonas montañosas o circuitos de alta dificultad mientras el militar mejora su coordinación entre vista y manos.

Aunque la estética pueda recordar a un videojuego convencional, la exigencia está lejos de ser una simple competición. Los drones FPV transmiten en tiempo real las imágenes captadas por una cámara instalada en el propio aparato, obligando al piloto a tomar decisiones rápidas y precisas en función de lo que ve en pantalla.

La diferencia entre jugar y combatir está en las consecuencias

El uso de esta tecnología también refleja cómo los ejércitos están adaptando sus métodos de formación a una realidad marcada por la expansión de los drones en los campos de batalla. Conflictos recientes han demostrado que estos sistemas pueden desempeñar funciones de vigilancia, reconocimiento e incluso ataque, convirtiendo la preparación de sus operadores en una prioridad estratégica.

Un integrante de la unidad de drones Typhoon de Ucrania resumía la diferencia entre un videojuego y una situación real con una frase reveladora: muchos creen que se parece a una partida de acción hasta que descubren que no existe un botón para reiniciar después de un fallo.

La Guardia Irlandesa exige a sus futuros operadores completar alrededor de 30 horas de entrenamiento con simuladores antes de pasar a otras 30 horas de vuelo real. El objetivo es que, tras ese proceso, los soldados tengan los conocimientos suficientes para manejar diferentes modelos de drones y responder ante escenarios variados.

Una tendencia que ya se extiende entre los grandes ejércitos

La apuesta por este tipo de preparación no es exclusiva del Reino Unido. El Ejército estadounidense también ha desarrollado programas específicos para formar operadores de drones FPV, combinando horas de simulación con prácticas reales y conocimientos técnicos sobre mantenimiento, adaptación de equipos e impresión 3D de componentes.

En el caso británico, el entrenamiento va más allá del pilotaje. La Guardia Irlandesa ha creado un espacio donde los soldados pueden reparar drones dañados y trabajar en nuevas soluciones técnicas, además de estudiar sistemas que permitan trasladar esta capacidad de formación directamente a zonas de despliegue.

La incorporación de simuladores demuestra que la guerra tecnológica no solo depende de nuevos equipos, sino también de nuevas formas de preparar a quienes los utilizan. Los videojuegos aportan una base útil para adquirir habilidades, pero el desafío real comienza cuando desaparece la seguridad del entorno virtual y cada decisión tiene consecuencias. @mundiario