Por Aik Ambiorix.
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EL AUTOR ES GERENTE DE PRENSA HISPANA.MIEMBRO DE LA FUNDACIÓN VERDÉES.
El traspaso de mando en Colombia no es un simple relevo administrativo; es la escenificación gráfica del péndulo político latinoamericano.
Tras cuatro años de un inédito gobierno de izquierda bajo el liderazgo de Gustavo Petro, la Casa de Nariño se prepara para recibir una gestión de corte conservador y de centroderecha.
Una transición que promete desmontar el relato progresista para reinstaurar las tesis del orden, la seguridad y el rigor macroeconómico.
Gustavo Petro entrega el poder sin replegar sus banderas. Lejos de adoptar la postura tradicional de un presidente saliente que busca el consenso final, Petro se retira atrincherado en su narrativa de resistencia.
Para el mandatario saliente, los obstáculos de su gestión no fueron fallos de ejecución, sino el bloqueo sistemático de las élites tradicionales. Su posición es clara: deja un legado social activado en las calles, listo para actuar como contrapeso permanente al nuevo ejecutivo.
No entregamos una derrota; entregamos una bandera que el pueblo ya aprendió a sostener, parece ser la consigna implícita de una izquierda que se prepara para ser una oposición implacable.
Seguridad vs. Paz Total: Mientras el gobierno saliente defendió una «Paz Total» basada en la negociación y la sustitución de economías ilícitas, la derecha entrante asume con la promesa de recuperar el control territorial mediante la fuerza legítima del Estado, catalogando la política anterior como una «concesión a la criminalidad».
Modelo Económico el enfoque de transición energética y justicia tributaria de Petro choca de frente con la agenda del nuevo gobierno, centrada en reactivar la inversión privada, dar garantías al sector hidrocarburos y recuperar la confianza de los mercados internacionales.
¿Qué espera la Colombia de a pie? Más allá de la polarización ideológica, el país real padece de fatiga política.
La ciudadanía no aguanta más la retórica del odio. Colombia espera soluciones inmediatas a tres problemas asfixiantes: el encarecimiento de la vida, la inseguridad urbana y rural, y la parálisis de las reformas sociales básicas.
El nuevo gobierno no recibe un cheque en blanco, sino un país altamente vehemente y consciente de sus derechos.
El gran reto de la nueva administración de derecha no será demostrar que es diferente a Petro, sino probar que es capaz de gobernar para una Colombia que ya aprendió que el cambio, aunque difícil, es posible.
Aik Ambiorix llega con los auspicios de : Gresefu,Anadegas,Centro Médico Oriental La Romana,Alcaldia SDE e Hispana Multimedios.