La rivalidad entre Estados Unidos y China sigue marcando el equilibrio geopolítico mundial, pero ambos gobiernos parecen haber asumido que competir no significa renunciar al diálogo. Esa es la principal conclusión que deja la reunión celebrada en Manila entre el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, un encuentro que ha servido para preparar el terreno de la que podría convertirse en una de las citas diplomáticas más importantes del año: la visita del presidente Xi Jinping a la Casa Blanca.
Aunque Pekín todavía no ha oficializado el viaje, Rubio dejó pocas dudas sobre las expectativas de Washington. «Creo que el presidente Xi tendrá una visita muy positiva cuando venga a Washington«, aseguró tras una reunión de cerca de hora y media con su homólogo chino, durante la que ambos dedicaron buena parte del tiempo a perfilar los preparativos del encuentro previsto para septiembre.
Manila acogía la reunión de ministros de Exteriores de la ASEAN, un foro en el que coinciden las principales potencias con intereses en el Indo-Pacífico y donde la competencia entre Washington y Pekín resulta especialmente visible.
Rubio reconoció que existen «diferencias significativas» entre ambos países y admitió que seguirán presentes «en un futuro previsible». Sin embargo, insistió en que sería «imprudente e irresponsable» que las dos mayores economías del planeta dejaran de mantener una relación diplomática estable dada su influencia sobre la economía mundial.
Ese planteamiento resume la lógica que parece imponerse en ambas capitales. La etapa de máxima confrontación comercial ha dado paso a una tregua relativamente frágil, sustentada más en la necesidad de evitar nuevas crisis que en una auténtica reconciliación estratégica.
El viaje de Xi busca consolidar la distensión
La futura visita de Xi Jinping representaría la devolución institucional del viaje realizado por Donald Trump a Pekín el pasado mayo. Aquel encuentro permitió rebajar parte de la tensión comercial y abrió un canal de comunicación directa entre ambos líderes que ahora ambos gobiernos intentan consolidar.
El objetivo no parece ser resolver las grandes disputas que enfrentan a ambas potencias, sino evitar que esas diferencias desemboquen en una nueva escalada política o económica.
Washington y Pekín son conscientes de que la competencia tecnológica, las cadenas de suministro, la inteligencia artificial, los semiconductores o la seguridad del Indo-Pacífico seguirán siendo motivo de fricción durante muchos años. La estrategia pasa ahora por gestionar esas discrepancias sin romper completamente los puentes diplomáticos.
Si hay un asunto que continúa condicionando cualquier acercamiento es la seguridad regional. Rubio reconoció que durante la reunión abordó la situación de Taiwán, territorio cuya soberanía reclama Pekín y que Estados Unidos continúa respaldando políticamente y mediante el suministro de armamento.
A ello se suma la creciente tensión en el mar de China Meridional, donde pocos días antes del encuentro se produjo un nuevo incidente entre embarcaciones de China y Filipinas cerca del banco de arena Second Thomas Shoal.
Estados Unidos volvió a reiterar en Manila que mantiene plenamente vigente su tratado de defensa con Filipinas y calificó el episodio como una escalada que no beneficia a ninguna de las partes. Pekín, por su parte, sostiene que actúa dentro de aguas bajo su soberanía y acusa a Washington de alentar la confrontación.
La disputa refleja que, pese al deshielo diplomático, la competencia militar y territorial continúa siendo uno de los principales obstáculos para una normalización plena de las relaciones.
La política y la economía avanzan por caminos paralelos
Paradójicamente, mientras ambos gobiernos preparan una visita presidencial, las tensiones políticas no desaparecen.
Las tensiones se habían reactivado apenas unos días antes, el jueves 16 de julio de 2026, cuando el presidente Donald Trump ofreció un discurso televisado desde la Casa Blanca. En su alocución, Trump anunció la desclasificación de archivos de inteligencia y acusó a Pekín de ejecutar la mayor filtración de datos de la historia, alegando que el gobierno chino adquirió ilícitamente 220 millones de expedientes de votantes estadounidenses para intentar inclinar la balanza en las elecciones presidenciales de 2020 a favor de Joe Biden.
Por su parte, Pekín ha rechazado las acusaciones calificándolas de completamente infundadas. Rubio confirmó que ese asunto no formó parte de la conversación con Wang Yi, una muestra de que ambas partes intentan separar las cuestiones más polémicas del trabajo diplomático destinado a preservar la estabilidad.
Ese equilibrio resulta especialmente delicado porque la interdependencia económica entre ambos países sigue siendo enorme. Estados Unidos continúa siendo uno de los principales mercados para las exportaciones chinas, mientras que numerosas empresas estadounidenses mantienen inversiones estratégicas en China pese al proceso de diversificación industrial impulsado por Washington.
Solo un día antes del encuentro diplomático en Manila, el martes 21 de julio de 2026, el propio presidente Trump suavizó su retórica frente a China desde el Despacho Oval, declarando a los reporteros que «nosotros también les hacemos cosas a ellos, no es una calle de un solo sentido» y afirmó que esperaba conversar directamente con Pekín. Esta moderación coordinada permitió que Rubio y Wang Yi se concentraran en temas de comercio, la tensa actividad de la guardia costera china en Taiwán y el conflicto en Oriente Próximo.
La eventual visita de Xi Jinping a Washington trasciende el simbolismo protocolario. Servirá para comprobar hasta qué punto ambas potencias son capaces de mantener una competencia estratégica dentro de unos límites previsibles, reduciendo el riesgo de que cualquier incidente comercial, militar o diplomático desemboque en una crisis de mayor alcance.
Las declaraciones de Rubio muestran que la Casa Blanca confía en presentar ese encuentro como un paso hacia una relación más estable, aunque nadie en Washington ni en Pekín parece hacerse ilusiones sobre una desaparición de las diferencias estructurales. @mundiario
