Llegó por fin la noche mágica que tanto tiempo llevaba esperando el feudo de La Cerámica. El Villarreal puso un punto y final definitivo a la pesadilla que venía arrastrando en la Champions League tras encadenar doce compromisos consecutivos sin conocer el sabor de la victoria en la máxima competición continental. Los pupilos de Íñigo Pérez se rebelaron contra el peso de la historia reciente y completaron una remontada de pura casta ante el Napoli, firmando un 3-1 que supone una inyección de moral monumental para el proyecto castellonense.
El arranque del enfrentamiento, sin embargo, amenazó con revivir los peores fantasmas continentales en el feudo amarillo. No se habían cumplido diez minutos de juego cuando el Napoli golpeó primero a la salida de un saque de esquina; Amir Rrahmani cabeceó con potencia y, aunque Luiz Júnior repelió en primera instancia exhibiendo grandes reflejos en su retorno a la titularidad, el central kosovar cazó el rechace para mandar el balón al fondo de las mallas y colocar el inquietante 0-1 en el minuto 8.
El mazazo dejó aturdido al cuadro local durante varios compases en los que el conjunto transalpino rozó la sentencia. Rasmus Hojlund conectó un cabezazo imponente que se estrelló de lleno en la cruceta, helando los corazones de la hinchada grogueta. Poco después, Benoît Badiashile tuvo que emplearse a fondo bajo palos para desviar un remate a bocajarro de Georges Mikautadze que parecía destinado a besar la red, en lo que fue el primer síntoma claro de rebeldía por parte de los hombres de casa.
La perseverancia del delantero georgiano encontró premio inmediato en el minuto 23 gracias a un garrafal error de la zaga visitante. Matteo Politano intentó una arriesgada cesión hacia su guardameta que se quedó excesivamente corta; Mikautadze leyó la trayectoria con astucia, robó el esférico, sorteó la salida desesperada de Vanja Milinkovic-Savic y definió con sutileza casi sin ángulo para desatar el delirio en las gradas e igualar la contienda.
Apenas tres minutos después del empate, la locura se apoderó definitivamente del graderío castellonense con una obra de arte inolvidable. Gerard Moreno aguantó el balón de espaldas y descargó con precisión hacia la frontal para la incorporación de Santiago Mouriño, quien no se lo pensó dos veces y engatilló un misil lejano e inapelable que limpió las telarañas de la portería italiana, culminando una remontada meteórica en un abrir y cerrar de ojos.
Resistencia con nueve y la sentencia al contragolpe de Oluwaseyi
Con el marcador a favor, la segunda mitad mostró a un Villarreal mucho más cerebral y sobrio en la administración de la posesión. El cuadro de Íñigo Pérez neutralizó el empuje napolitano y rozó el tercero en el minuto 56 tras una magnífica acción individual de Alberto Moleiro, quien desbordó por velocidad a su par y puso un pase medido hacia Gerard Moreno que Badiashile logró abortar en el último suspiro cuando la grada ya cantaba el gol.
El choque vivió instantes de tremendo desconcierto reglamentario cuando Gerard Moreno fue protagonista de una insólita secuencia con las sustituciones. Debido a la estricta aplicación de los protocolos y ventanas de cambio, el equipo local se vio obligado a competir temporalmente con nueve futbolistas sobre el césped, generando una fase de máxima tensión en la que la solidaridad colectiva impidió que el Napoli sacara provecho de la inferioridad numérica momentánea.
Recuperada la paridad de efectivos sobre el verde, el Submarino Amarillo tuvo que achicar agua en un tramo final donde los italianos volcaron toda su artillería ofensiva. Ahí emergió de nuevo la figura providencial de Luiz Júnior bajo palos, quien tapó con bravura un mano a mano vertiginoso ante Hojlund tras una formidable maniobra del atacante danés dentro del área de castigo.
El premio a la resistencia llegó en el minuto 86 mediante una contra de manual que puso el broche de oro a la velada europea. Tras una rápida combinación al primer toque de todo el frente de ataque, el balón le cayó en ventaja al recién ingresado Tani Oluwaseyi, quien mostró una frialdad absoluta ante Milinkovic-Savic para empujar el cuero a las mallas y rubricar el definitivo 3-1 que disipaba cualquier incertidumbre.
El pitido del colegiado desató una fiesta largamente postergada en La Cerámica, permitiendo al Villarreal festejar un triunfo continental que se resistía desde marzo de 2024, cuando venció al Marsella. Con estos tres primeros puntos en el bolsillo, una pegada letal en las áreas y el coraje exhibido ante la adversidad, la escuadra amarilla entierra su maleficio y presenta credenciales para soñar en grande en esta edición de la Champions League. @mundiario
