Escogidos para edificar

Por: Héctor E. Contreras.

Jeremías 1:10 y 15:18-20.

Jeremías tuvo una de las vidas más dramáticas de la Biblia y eso ya es mucho decir. Pero nunca aprendió a gustar el papel que le tocó desempeñar. En medio de todas las emociones y excitaciones, él siguió siendo renuente, inseguro y muchas veces infeliz. El, como muchos de nosotros, también hemos protestado y dicho: “Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño”, Jeremías 1:6. En ocasiones la gente lucha con nuevos retos, debido a su desconfianza. Sienten que no tienen la habilidad, capacidad ni experiencia adecuada. Jeremías pensó que era solo “un niño”, demasiado joven e inexperto para ser el vocero de Dios para el mundo. Sin embargo, ¿Cuál fue la respuesta de Dios para el profeta?No digas: Soy un niño; porque a todo  lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová”, Jeremías 1:7-8. ¡Gloria a Dios!

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”, Mateo 7:24-25. Edificar “sobre la roca” es ser discípulo atento que responde a su maestro, en vez de ser superficial e hipócrita. Practicar la obediencia se convierte en fundamento sólido, para resistir las tormentas de la vida. La invitación de estos versos a los lectores de este mensaje, va dirigido para que edifiquen sus vidas sobre la misma “Roca”, que es Jesucristo. Todos estamos llamados a crecer y el crecimiento siempre va hacia arriba; nunca hacia abajo. Por tanto, cada uno de nosotros debemos edificar nuestro hogar, negocio o empresa; además de nuestra propia familia, basándonos en la verdad de la Palabra de Dios. 

Edificar lo que hemos de ser en el mañana, es comparable a lo escrito por David, cuando dijo: “Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día”, Salmo 25:5.  En este verso aparece la palabra “verdad”. Verdad es certeza, estabilidad, confiabilidad, lo justo. Esta nace de ´´Emet´´ y deriva del verbo ´´arman´´, el cual significa “estar firme, permanecer y establecido”. En otras palabras, encierra un sentido de confianza, firmeza y seguridad. La verdad es algo a lo cual una persona puede confiar su vida. Edificar nuestras vidas sobre la Verdad de Dios, nos asegura estar siempre sólidos en lo que hemos creído y aceptado como creyentes en Jesucristo el Señor.  

Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar, y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar”, Jeremías 1:10. La Palabra de Dios es una fuerza dinámica y creadora a través de la cual se realiza su propósito. Jeremías usa repetidamente los verbos arrancar, arruinar o destruir, derribar, edificar y plantar. Para cumplir los propósitos de Dios en nosotros, debe nacer la fe. Es creer fielmente que la Palabra de Dios domina soberanamente sobre todas las naciones y la historia. Tener fe se apoya en la Palabra de Dios y comprende que el Señor es fiel a su Palabra. Es saber que Dios honra su Palabra por encima de todo, vive en su corazón y que Dios se ha comprometido a cumplirla. Se mantiene confiada en las promesas de Dios y toma en cuenta sus advertencias seriamente. En otras palabras, amados del Señor; es descansar en la confianza que Dios siempre cumple su Palabra y propósito en nuestras vidas.

Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová”, Jeremías 15:18-20. ¡Cuántas promesas! Jeremías acusó a Dios de no ayudarlo cuando realmente lo necesitaba. Jeremías dejó de poner los ojos en los propósitos de Dios y sentía lástima de sí mismo. Estaba enojado, herido y asustado, cuando dijo: ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?, Jeremías 15:18. En su respuesta al profeta, Dios no se enojó con él, respondió volviendo a orientar las prioridades de Jeremías. Como vocero de Dios, debía influir en el pueblo, y no permitir que ellos influyeran en él. Hay tres lecciones importantes en este pasaje y son las siguientes: 

1-) En la oración podemos revelarle a Dios nuestros más profundos pensamientos; 

2-)Dios espera que confiemos en Él a pesar de las circunstancias; y 

3-)Estamos aquí para influir en otras personas para Dios, nunca para nosotros mismos. 

Ningún profeta expresó sus sentimientos más abiertamente que Jeremías. Su relación con Dios estuvo marcada por reyertas, reproches y estallidos de genio. La relación del profeta Jeremías con Dios, sin pasar por alto las duras pruebas que sufrió, es uno de los mejores ejemplos de qué significa seguir a Dios, a pesar de todo lo que podamos enfrentar.

Debo plasmar a continuación lo dicho por Dios al profeta: “Yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra esta tierra”, Jeremías 1:18. Durante 40 años Jeremías formuló advertencias a los más altos oficiales del gobierno, las cuales ellos aborrecían escuchar, y se negaban a obedecer. ¿Su mensaje? Con el visto bueno de Dios los salvajes babilonios se lanzarían sobre Judá. Hábiles alianzas con poderes tales como Egipto no servirían, decía Jeremías. Las promesas de Dios están todas plasmadas en su Palabra, para edificar nuestras vidas. Vamos a convertirnos en ciudad fortificada de Dios, en columnas de hierro y en muro de bronce. Sólo así estaremos verdaderamente edificados sobre la “Roca”, que es Cristo el Señor.

Dios nos bendiga, Dios nos guarde y seamos edificados y edificadores de vidas para nuestro pueblo y sobre todo: Para nuestra propia familia. 

 

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