Irán, Ucrania, Groenlandia y Venezuela: la última gran Asamblea de Guterres al frente de la ONU

António Guterres encara su última Asamblea General de Naciones Unidas como secretario general con un orden mundial especialmente fragmentado. El ex primer ministro portugués, cuyo mandato termina en diciembre de 2026, llega a la cita de Nueva York después de una década marcada por guerras, rivalidades entre grandes potencias y un progresivo deterioro de los mecanismos multilaterales. En la propia ONU ha descrito el momento actual como una etapa de profunda incertidumbre y ha situado los conflictos, junto a la inteligencia artificial y el cambio climático, entre los principales desafíos de la organización.

La 81ª Asamblea General, cuya semana de alto nivel se desarrolla entre el 22 y el 28 de septiembre, tiene además un protagonista ineludible: Donald Trump. El presidente estadounidense regresa a la ONU después de haber cuestionado reiteradamente la capacidad de la organización para afrontar las crisis internacionales. Esta vez, su agenda está atravesada por la guerra con Irán, la invasión de Ucrania, la transición en Venezuela y un acuerdo de seguridad sobre Groenlandia que puede redefinir el equilibrio estratégico en el Ártico.

La guerra entre EE UU e Israel e Irán constituye el principal telón de fondo de la Asamblea. El conflicto, iniciado a finales de febrero, ha afectado al tráfico energético y marítimo internacional y ha provocado represalias iraníes contra Tel Aviv y países del Golfo que albergan instalaciones militares estadounidenses. Trump ha defendido como uno de los objetivos centrales de la ofensiva impedir que Teherán obtenga un arma nuclear.

La repercusión regional será uno de los asuntos que Trump deberá abordar con los dirigentes del Golfo. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Kuwait y Omán, además de otros países como Irak, Líbano y Egipto, afrontan las consecuencias económicas y de seguridad de la guerra. El cierre o la alteración del tráfico por el estrecho de Ormuz y la amenaza sobre las rutas del mar Rojo han añadido presión sobre los mercados energéticos.

La crisis ha terminado conectando las guerras de Oriente Próximo y Ucrania también a través de los precios de los combustibles. Los conflictos en Irán y Ucrania han reducido la capacidad de refinado y las exportaciones de diésel, llevando los precios a niveles extraordinariamente elevados.

Trump llega a Nueva York con una nueva petición a Zelenski

La guerra de Ucrania constituye el segundo gran frente de la agenda. Trump y Volodímir Zelenski tienen previsto reunirse en Nueva York después de una conversación telefónica en la que el presidente estadounidense volvió a pedir al líder ucraniano que frenase los ataques contra las refinerías rusas.

Trump sostiene que los ataques ucranianos contra instalaciones energéticas rusas están contribuyendo a la escasez mundial de diésel. Ucrania, por su parte, considera esas instalaciones objetivos militares legítimos mientras continúa sufriendo ataques rusos contra su propia infraestructura energética.

El encuentro se produce además después de que Washington ratificara una legislación que endurece las sanciones contra los sectores energético y de defensa de Moscú, e introduce la facultad de imponer aranceles de hasta el 100 % a países que compren crudo o gas ruso, apuntando directamente a la “flota fantasma”.

La toma de estas decisiones con la insistencia de Trump en detener los ataques contra la infraestructura energética refleja la complejidad de la posición estadounidense, en su infructuosa búsqueda simultánea de fórmulas para conseguir una salida del conflicto.

Groenlandia: el acuerdo que cambia el tablero del Ártico

Si existe un asunto capaz de convertir una cuestión bilateral en uno de los grandes acontecimientos diplomáticos de la Asamblea, ese es Groenlandia. Estados Unidos, Dinamarca y el Gobierno groenlandés preparan la firma de un acuerdo de seguridad que contempla una mayor presencia militar estadounidense en la isla y una responsabilidad compartida de la seguridad del Ártico dentro del marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Trump ha presentado el pacto como un mecanismo que otorga a Estados Unidos un “control permanente” sobre la seguridad de Groenlandia. Copenhague y Nuuk, sin embargo, han subrayado que el acuerdo no supone una cesión de soberanía. El pacto prevé ampliar la presencia militar estadounidense y limitar la posibilidad de que adversarios de Washington establezcan bases o realicen determinadas inversiones estratégicas en la isla.

El contraste entre ambas interpretaciones explica buena parte de la importancia política de la firma. Groenlandia seguirá formando parte del Reino de Dinamarca, pero el acuerdo puede reforzar sustancialmente la posición militar estadounidense en un territorio situado en una de las zonas estratégicas de mayor crecimiento geopolítico por el deshielo, las rutas marítimas y la competencia entre grandes potencias.

Venezuela entra en el escaparate de Trump

La Asamblea también servirá de escenario para un encuentro inédito entre Trump y Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela. La dirigente chavista ha llegado a Nueva York con una agenda centrada en la reconstrucción económica del país y en la búsqueda de acuerdos sobre energía, minería y deuda.

Las conversaciones incluyen la reestructuración de una deuda venezolana estimada entre 150.000 y 200.000 millones de dólares, proyectos energéticos y mineros y la posible gestión de activos venezolanos en el exterior. También existen negociaciones para transferir a Estados Unidos alrededor de 4.000 millones de dólares en oro depositado en el Banco de Inglaterra, después de que fuera acordado en la mesa de negociación con la Asamblea Nacional de 2015, controlada por un sector de la oposición.

El petróleo ocupa una posición central en esta nueva relación entre Washington y Caracas. La Administración estadounidense ha respaldado acuerdos destinados a reactivar la industria venezolana y ampliar la participación de compañías estadounidenses. El encuentro entre Trump y Rodríguez se desarrolla en paralelo a las conversaciones sobre la transición política venezolana y la reconstrucción institucional del país.

La última Asamblea de Guterres

En medio de todos estos movimientos, Guterres afronta la que será su última semana de alto nivel de la Asamblea como secretario general. En una comparecencia previa a la cita, reconoció que el deterioro de la situación internacional en materia de paz y seguridad ha superado lo que podía imaginarse cuando asumió el cargo hace una década. Su diagnóstico incluye también el aumento de las desigualdades y los riesgos existenciales derivados del cambio climático y los conflictos.

La paradoja de su despedida es que la ONU vuelve a ocupar el centro de la diplomacia mundial precisamente cuando su capacidad para resolver los conflictos está fuertemente discutida. La guerra de Irán, Ucrania, la disputa estratégica por Groenlandia y la reconfiguración de Venezuela tras el bombardeo de EE UU del 3 de enero llegan a Nueva York como asuntos en los que las grandes potencias mantienen intereses directamente enfrentados.

Guterres dejará el cargo a finales de año. Pero antes de entregar el testigo tendrá que presidir una Asamblea que resume buena parte de los desafíos que han marcado su década: guerras que desbordan las fronteras, una creciente competencia entre potencias, crisis energéticas y un orden internacional en transformación. @mundiario