La expulsión de Yeremay obliga al Deportivo a reinventarse sin su líder

Yeremay Hernández había convertido la continuidad en costumbre. Desde noviembre de 2024 no faltaba a una cita liguera y sostenía el ataque blanquiazul con diez goles y siete asistencias. Más que números, era la referencia creativa cuando el partido se espesaba y la imaginación escaseaba.

La expulsión ante el Eibar corta esa dinámica en un momento sensible. El canario ya arrastraba molestias que exigían gestión en los entrenamientos. La sanción irrumpe como contratiempo, pero también como pausa forzada. En ocasiones, el descanso llega disfrazado de castigo disciplinario.

El desafío para el técnico es mayúsculo. Sustituir a Yeremay no consiste solo en cubrir una banda, sino en compensar su capacidad para romper líneas y decidir. La pasada campaña dejó un precedente inquietante: sin él, el equipo perdió filo y resultados.

Sin embargo, el triunfo reciente ante el Eibar mostró un matiz esperanzador. El Deportivo supo sufrir y encontrar recursos alternativos. La estructura colectiva respondió cuando el talento individual no marcó la diferencia, una señal de crecimiento competitivo.

La ausencia será breve, pero su impacto medirá la madurez del grupo. Si el Depor quiere aspirar a algo más que a resistir, debe aprender a competir también sin su faro. Riazor celebró tres puntos; ahora toca comprobar si la identidad se sostiene cuando el número diez no está en el césped. @mundiario