El Celta tiene un problema con el balón. Puede acumular pases, instalarse durante largos periodos en campo contrario e incluso transmitir la sensación visual de estar dominando, pero todo eso sirve de poco si la posesión no acaba convirtiéndose en peligro. Ante el Athletic volvió a aparecer una carencia que ya se había advertido en las primeras jornadas: tener la pelota no significa necesariamente controlar un partido.
La primera parte fue directamente mala. El Athletic presionó mejor, recuperó más arriba y encontró demasiadas facilidades para atacar una defensa celeste que volvió a mostrarse endeble. Berenguer y Robert Navarro castigaron al Celta en apenas dos minutos, pero antes y después de los goles los vascos ya habían encontrado espacios suficientes para exigir a Radu. El 0-2 al descanso no nació de dos accidentes aislados, sino de una superioridad clara durante buena parte del primer acto.
Giráldez entendió el problema y realizó cuatro cambios al descanso. Entraron Iago Aspas, Javi Rueda, Yoel Lago y Miguel Román, una auténtica reconstrucción del equipo en pleno partido. El Celta pasó a tener mucha más presencia con balón y obligó al Athletic a defender bastantes metros más atrás, aunque ahí apareció nuevamente la gran contradicción de este equipo.
Porque tener el balón no es atacar bien. El Athletic aceptó replegarse con un 0-2 favorable, redujo riesgos y buscó castigar a la contra. El Celta movió de un lado a otro, acumuló jugadores por delante de la pelota y terminó varias acciones con disparos, pero apenas consiguió desordenar realmente la defensa de Terzić. Mucha circulación y demasiado poco daño.
La ocasión de Carl Starfelt en el minuto 59, con un cabezazo tras un córner servido por Miguel Román, fue uno de los pocos momentos en los que el Athletic sintió verdadero peligro. Swedberg también obligó anteriormente a intervenir a Unai Simón, pero faltaron situaciones claras dentro del área, rupturas y acciones que obligasen al rival a defender mirando hacia su propia portería. El Celta tuvo territorio; le faltó profundidad.
Y ese déficit empieza a preocupar porque el calendario todavía está dando cierto margen. El Celta afronta estas primeras jornadas sin la carga de competición europea, pero la Europa League espera más adelante y llegarán las semanas con partidos entre semana. Entonces Giráldez tendrá que rotar todavía más, administrar esfuerzos y asumir que no siempre podrá presentar su mejor once. Los puntos que ahora se escapan serán mucho más difíciles de recuperar cuando la exigencia aumente.
Tampoco ayuda la fragilidad defensiva. El Celta ha encajado cuatro goles en sus dos encuentros de Balaídos y ante el Athletic volvió a conceder demasiadas facilidades cuando el rival aceleró. Un equipo que pretende asumir riesgos con balón necesita ser especialmente sólido cuando pierde la posesión. Ahora mismo ocurre lo contrario: le cuesta generar arriba y tampoco transmite seguridad cuando debe correr hacia atrás.
En ese escenario se empieza a echar especialmente de menos a Borja Iglesias. El delantero no estuvo disponible ante el Athletic porque continúa recuperándose de una rotura miofascial en el sóleo izquierdo. El Celta estimó el 25 de agosto un periodo aproximado de dos semanas de baja, por lo que tampoco debería estar frente a Real Sociedad y Getafe si se cumple ese plazo. Una posible vuelta ante el Málaga aparece como escenario razonable, aunque el club todavía no ha comunicado una fecha definitiva de alta.
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— Celta (@RCCelta) August 30, 2026
Su ausencia pesa porque al Celta le falta precisamente lo que Borja puede proporcionar: presencia dentro del área, fijación de centrales y remate. Jutglà ofrece movilidad, Aspas continúa siendo el futbolista con mayor capacidad para inventar algo y Giráldez dispone de muchas piezas diferentes, pero el equipo necesita que todo ese fútbol encuentre un destinatario cuando llega a los últimos metros.
El balance empieza a exigir una reacción. Un punto de nueve y ninguna victoria después de tres jornadas es demasiado poco para un equipo que esta temporada tendrá que repartir sus fuerzas entre La Liga, Europa y la Copa. El problema todavía tiene tiempo para corregirse, pero ya está suficientemente identificado: el Celta quiere la pelota, la tiene durante muchos minutos y sabe moverla. Ahora necesita aprender a convertirla en peligro. @mundiario
