Nasser Al-Khelaïfi se ha transformado en el nuevo Florentino Pérez del fútbol

El Paris Saint-Germain continúa marcando la pauta del fútbol europeo tanto en el terreno de juego como en las altas esferas ejecutivas. Este crecimiento deportivo e institucional se sostiene en gran medida por las facilidades encontradas en el campeonato francés, donde en solo dos jornadas de la Ligue 1 han vuelto a hacerse evidentes las diferencias de trato respecto al resto de competidores.

El primer episodio controvertido surgió antes del debut oficial frente al Rennes en el Parque de los Príncipes. Aduciendo un mal estado del césped, el club parisino logró que la patronal permitiese alterar el orden del calendario sorteado, jugando la primera vuelta a domicilio y asegurándose la vuelta en casa, con el consiguiente perjuicio para los aficionados bretones que ya contaban con su entrada.

A las facilidades operativas se han sumado decisiones arbitrales determinantes en el inicio de la competición. Tanto en el choque disputado en Rennes como en la posterior visita al Lille, prolongados tiempos de descuento permitieron al conjunto dirigido por Luis Enrique rescatar empates en el tramo final de duelos que se le habían atragantado.

Esta dinámica de trato favorable no resulta novedosa en el entorno del fútbol galo. En campañas anteriores, la suspensión o aplazamiento de compromisos ligueros en fases decisivas del curso sirvió para que el PSG afrontara la Champions League con mayor descanso, una fórmula que ha culminado con la consecución de su condición de doble campeón de Europa.

Sin embargo, este modelo de protección al gigante parisino perjudica de forma directa al resto de clubes franceses que intentan mantener la competitividad. La falta de alternativas en la lucha por el título doméstico ha terminado por resentir la imagen del torneo en el mercado internacional.

La devaluación de los derechos y el control político de Al-Khelaïfi

La gestión de los derechos de televisión en la Ligue 1 atraviesa un momento delicado debido a la previsibilidad del campeonato. El monopolio deportivo del PSG ha mermado el interés de los operadores europeos en una competición donde el ganador se da por descontado antes de rodar el balón, dificultando la entrada de nuevos ingresos para el resto de entidades.

Paralelamente al desgaste del producto doméstico, la figura de Nasser Al-Khelaïfi ha alcanzado una cuota de poder inédita en el mapa futbolístico global. El presidente del PSG rige los destinos de la EFC (la asociación de clubes europeos) y ejerce de socio preferente de la Uefa a través de la sociedad conjunta UC3 para la explotación de los derechos comerciales.

Su presencia en los recientes actos del sorteo de la Champions League en Mónaco evidenció su peso político ante los estamentos continentales. Del mismo modo, la próxima asamblea general programada en Copenhague reunirá a más de 800 clubes bajo un clima de claro respaldo a su gestión y liderazgo.

¿Una versión más joven de Florentino Pérez?

Hubo un tiempo no tan lejano en el que la figura del presidente del Real Madrid dictaba el ritmo y la pauta del fútbol mundial de forma absoluta. Su peso en los estamentos era incontestable; sin embargo, este escenario comenzó a transformarse a raíz de su pulso frontal contra la Uefa por el proyecto de la Superliga. Aquel distanciamiento provocó que Florentino Pérez, y en consecuencia la entidad blanca, cediera espacios clave en las esferas de decisión continental, un vacío institucional que fue aprovechado estratégicamente por nuevos actores, con Nasser Al-Khelaïfi a la cabeza.

Este progresivo trasvase de influencia política ha coincidido de forma paralela con el asentamiento de una marcada hegemonía deportiva por parte del Paris Saint-Germain, relegando a varios de los gigantes tradicionales del continente a un segundo plano. La holgada capacidad de maniobra del conjunto parisino en su competición doméstica se ha traducido en una ventaja competitiva constante, permitiéndole dosificar esfuerzos y abordar los grandes compromisos de la Champions League con un margen de frescura inalcanzable para sus rivales.

Mientras el resto de las potencias históricas intenta desesperadamente recortar distancias tanto en el terreno de juego como en los despachos, el PSG ha terminado de consolidar un modelo devastador. Esta fórmula perfecta combina un dominio plácido en el ámbito nacional con un control cada vez más firme e incisivo sobre las estructuras institucionales que gobiernan el balompié en Europa.

A sus casi 80 años, Florentino Pérez se encuentra ante un adversario formidable de una generación sensiblemente más joven. Al-Khelaïfi no solo persigue de forma obsesiva la gloria máxima para el proyecto de la capital francesa temporada tras temporada, sino que busca la satisfacción personal de consolidarse como el mandatario capaz de doblegar definitivamente a los clubes de mayor tradición del Viejo Continente.

El pulso entre ambos dirigentes trasciende así lo puramente futbolístico para convertirse en un choque entre dos visiones antagónicas del negocio y del poder. En este nuevo tablero geopolítico, la batalla se libra partido a partido y reunión a reunión, en una pugna generacional que promete definir el rumbo del fútbol europeo durante los próximos años. @mundiario