La campaña por el Senado de Michigan entró en su recta final bajo el impacto de una decisión inesperada. Haley Stevens, congresista demócrata que perdió las primarias de agosto frente a Abdul El-Sayed, anunció el domingo su respaldo al republicano Mike Rogers. El movimiento sorprendió incluso a sus antiguos colaboradores y desencadenó una reacción inmediata de los principales dirigentes del partido. A menos de 48 horas de la votación, la prioridad demócrata pasó a ser contener las consecuencias de una ruptura que amenaza con reabrir las divisiones internas justo cuando la formación necesita mantener unida su coalición.
La controversia no se limita al cambio de respaldo de una candidata derrotada. Michigan es uno de los escenarios decisivos de las elecciones de mitad de mandato y el resultado de su escaño senatorial puede influir en el equilibrio de fuerzas del Congreso durante los dos últimos años de la presidencia de Donald Trump. Por eso, la deserción de Stevens adquirió una dimensión nacional: convirtió una disputa entre dos antiguos rivales en un problema para la estrategia electoral demócrata.
El origen del enfrentamiento se encuentra en las primarias del pasado agosto. El-Sayed obtuvo el 48,5% de los votos y derrotó a Stevens por un margen inferior a 15.000 papeletas. La diferencia fue tan estrecha que el resultado necesitó trece horas de recuento. Aquella victoria reflejó el peso creciente del sector progresista, pero también dejó patente que el partido estaba dividido entre dos corrientes con prioridades y sensibilidades distintas.
Tras las primarias, ambos participaron en un desayuno de unidad y se abrazaron ante las cámaras. Sin embargo, la reconciliación no se tradujo en una colaboración efectiva. Según las informaciones publicadas por CNN, los dos apenas habían mantenido contacto directo durante los meses posteriores. Stevens consideraba que El-Sayed estaba construyendo una campaña demasiado confrontativa y con escasas posibilidades de ampliar su base electoral; el candidato progresista, por su parte, parecía decidido a organizar su propia coalición sin conceder a su antigua rival un papel relevante.
La tensión terminó de agravarse cuando la campaña de El-Sayed pidió a Stevens que no participara en sus actos durante los últimos días de la contienda. La decisión se produjo después de que ella exigiera al candidato que repudiara un anuncio de un grupo externo que relacionaba la ayuda estadounidense a Israel con las dificultades económicas de las familias en los supermercados. El-Sayed se distanció del anuncio, pero la discusión volvió a colocar en primer plano las diferencias sobre Israel y el papel de las organizaciones de presión política.
Stevens había anunciado que asistiría a una iglesia de Detroit junto a El-Sayed y Jim Clyburn, una figura influyente del Partido Demócrata. La aparición habría servido para escenificar la unidad y reforzar el apoyo entre los votantes afroamericanos. Sin embargo, el encuentro no se produjo. El domingo, en lugar de comparecer con su antiguo rival, Stevens acudió a un servicio religioso junto a Mike Rogers y anunció su respaldo al republicano.
La decisión sorprendió a sus compañeros. Según CNN, buena parte de su equipo parlamentario conoció el cambio de posición a través de las redes sociales. Su jefe de gabinete y otros colaboradores comunicaron posteriormente su salida. La propia Stevens no aclaró de forma convincente qué había cambiado entre el sábado, cuando todavía aseguraba que no respaldaría a Rogers, y la mañana del domingo.
Israel, AIPAC y el dinero: el conflicto de fondo
La disputa personal se desarrolla sobre una división política mucho más profunda. El-Sayed ha criticado duramente la actuación del Gobierno israelí en Gaza, ha cuestionado la influencia del Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC) y ha defendido poner fin a la ayuda militar estadounidense destinada a Israel. Stevens, por el contrario, ha mantenido una posición de apoyo firme a Israel y contó durante las primarias con importantes recursos procedentes de grupos vinculados al lobby israelí, que, según las informaciones aportadas, movilizaron alrededor de 30 millones de dólares en apoyo a su campaña.
También ha pesado la relación del candidato con Hasan Piker, un conocido y controvertido comentarista político propalestino cuyas declaraciones sobre los judíos (no solo el Estado) han provocado críticas y acusaciones de antisemitismo. El-Sayed ha recibido reproches por compartir espacios con él, aunque las apariciones mencionadas se produjeron antes de las primarias. Stevens utilizó esa relación como uno de los argumentos para justificar su rechazo a la campaña.
El conflicto, por tanto, no puede explicarse únicamente por la exclusión de Stevens de los actos finales. La congresista había expresado desacuerdos con el discurso de El-Sayed desde las primarias, mientras que el candidato había cuestionado reiteradamente sus vínculos con AIPAC. La derrota electoral no cerró esa confrontación: la trasladó a una fase en la que cada parte interpretó la unidad de manera diferente.
La respuesta demócrata fue rápida. Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, calificó el movimiento de Stevens como una «traición despreciable» y aseguró que los senadores de su partido permanecían completamente unidos en torno a El-Sayed, al tiempo que acusó a los republicanos de utilizar ataques racistas e islamófobos contra el candidato. La intervención de Schumer adquiere una relevancia especial debido a que había mantenido una relación política cercana con Stevens e incluso la había respaldado de forma tácita durante las primarias; por ello, su condena pública evidencia hasta qué punto la dirección demócrata considera prioritario impedir que esta deserción sea interpretada como una fractura generalizada en el seno del partido.
Nancy Pelosi también se alineó con El-Sayed. La expresidenta de la Cámara de Representantes, que días antes había criticado las posiciones del candidato sobre Israel, afirmó que debía ganar y acusó a Stevens de perjudicar la atención sanitaria, las libertades y el futuro de las familias de Michigan con su respaldo a Rogers. La coincidencia entre Pelosi y Schumer resulta significativa: dos figuras que habían expresado reservas sobre el progresista dejaron sus diferencias en segundo plano para evitar que la crisis debilitara la candidatura.
El presidente del Partido Demócrata de Michigan, Curtis Hertel, fue todavía más lejos al declarar que Stevens ya no era miembro de la formación y que tampoco lo sería en el futuro. Debbie Dingell, representante demócrata del estado y una de las dirigentes que había intentado mediar entre ambas campañas, criticó lo que describió como «los continuos esfuerzos de Stevens por llamar la atención».
La operación de contención también llegó desde el entorno electoral. El-Sayed recibió el respaldo de figuras progresistas como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, pero también de representantes demócratas de posiciones más moderadas. Brad Lander y Daniel Biss, ambos judíos y demócratas, publicaron un llamamiento a votar por él sin mencionar directamente a Stevens. Su intervención buscaba separar el debate sobre Israel de la decisión electoral y centrar la atención en la asequibilidad, la rendición de cuentas y la igualdad.
Cómo se recompuso la campaña de El-Sayed
El-Sayed optó por no convertir la deserción en el centro de su discurso. En sus declaraciones públicas pidió que la atención se dirigiera a los problemas cotidianos de los habitantes de Michigan y no a la disputa entre dos dirigentes. «Pienso en las 9.999.998 personas que no son esas dos», afirmó en un acto junto a Jim Clyburn, en referencia a Stevens y a él mismo.
Su estrategia consiste en presentar la elección como una confrontación entre los intereses económicos de las familias trabajadoras y los de los grandes donantes. «La división en nuestra política no es izquierda contra derecha; es la gente que está excluida frente a quienes la excluyen», sostuvo en una entrevista con MS Now. El mensaje pretende recuperar el terreno de la economía, la vivienda y la sanidad, asuntos que dirigentes locales como Debbie Dingell consideran prioritarios para el electorado.
La respuesta financiera ofreció una primera señal de movilización. La campaña comunicó que había recaudado 1,2 millones de dólares durante las horas posteriores al anuncio de Stevens, su segunda mejor jornada desde la victoria en las primarias. La cifra indica que la polémica activó a una parte de sus simpatizantes, aunque no permite establecer por sí sola si el candidato consiguió ampliar su apoyo entre los votantes indecisos.
También se intenta reforzar la presencia en comunidades afroamericanas de Detroit. La aparición prevista con Clyburn respondía precisamente a esa necesidad. Algunos estrategas demócratas consideran que el voto de los electores afroamericanos de mayor edad, muchos de los cuales suelen acudir a las urnas el día de las elecciones, puede resultar determinante para la movilización final. Organizaciones locales como Detroit Action, por su parte, insisten en que el debate debe centrarse en el coste de la vida y en las condiciones materiales de la población trabajadora.
El efecto electoral del respaldo de Stevens a Rogers continúa siendo incierto. Antes de la ruptura, una encuesta de CNN situaba a El-Sayed siete puntos por delante del republicano y señalaba que contaba con el apoyo del 95% de los demócratas con probabilidades de votar. Sin embargo, otras mediciones citadas durante la campaña describían una ventaja mucho más estrecha, dentro del margen de error. Las diferencias entre sondeos y la cercanía de la votación impiden extraer conclusiones firmes sobre el impacto del anuncio.
El principal interrogante es si Stevens puede movilizar a una parte de los votantes demócratas que respaldaron su candidatura en las primarias, especialmente entre los electores afroamericanos y judíos. Su apoyo a Rogers ofrece a los republicanos una oportunidad para explotar las divisiones, aunque no significa que todos sus antiguos simpatizantes vayan a seguirla. La decisión también puede provocar el efecto contrario: que sectores del partido cierren filas con El-Sayed al interpretar el movimiento como una ruptura injustificable en vísperas de la votación.
Por su parte, Donald Trump celebró públicamente el respaldo de Stevens y volvió a invitarla a incorporarse al Partido Republicano. Rogers, que en el pasado había sido acusado por la propia congresista de actuar como una figura alineada con Trump y de oponerse al derecho al aborto, recibe así un apoyo que difícilmente podía haber previsto al comienzo de la campaña. @mundiario
