Estados Unidos se prepara para unas elecciones legislativas que pueden cambiar el equilibrio de poder en Washington. Este martes 3 de noviembre, los ciudadanos elegirán a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y renovarán 35 de los 100 escaños del Senado. Aunque Donald Trump no se juega la presidencia en estas urnas, el resultado determinará cuánto margen tendrá para desarrollar su programa durante la recta final de su segundo mandato.
La votación llega después de dos años de Gobierno republicano con el control de las dos cámaras del Congreso. Esa mayoría ha facilitado la aprobación de las principales iniciativas de Trump, pero el desgaste de su Administración, el encarecimiento de la vida y las consecuencias económicas de la guerra de Irán han alterado el escenario político.
El resultado puede dibujar cuatro escenarios principales. Y ninguno supone que Trump abandone la Casa Blanca: seguirá siendo presidente hasta enero de 2029, con capacidad de veto y amplias competencias ejecutivas.
1. Los demócratas conquistan la Cámara de Representantes, pero pierden el Senado
Es uno de los escenarios que más atención concentra en la recta final de la campaña. Si los demócratas consiguen una mayoría en la Cámara baja, recuperarían el control de sus comisiones y podrían abrir investigaciones parlamentarias sobre las actuaciones del presidente, sus colaboradores y distintos organismos de la Administración.
El líder demócrata en la Cámara, Hakeem Jeffries, ha anunciado que utilizaría esa posición para exigir explicaciones al Ejecutivo. Entre los asuntos que podrían entrar en el centro de las pesquisas figuran posibles conflictos de intereses, decisiones administrativas y actuaciones relacionadas con la gestión presidencial.
En el terreno legislativo, los demócratas podrían impulsar propuestas sobre sanidad, vivienda, coste de los alimentos y energía. Pero con el Senado todavía bajo control republicano, muchas de esas iniciativas tendrían dificultades para prosperar.
Trump conservaría, además, su facultad de veto. Por tanto, una victoria demócrata en la Cámara baja supondría un aumento de la fiscalización y de los obstáculos políticos, pero no una pérdida automática de la capacidad presidencial para gobernar.
2. Los demócratas ganan las dos cámaras y colocan a Trump ante un Congreso hostil
La recuperación simultánea de la Cámara de Representantes y del Senado sería el cambio institucional más amplio. Los demócratas pasarían a controlar las comisiones de ambas cámaras, tendrían mayor capacidad para investigar al Ejecutivo y podrían condicionar buena parte de la agenda legislativa.
La conquista del Senado tendría una consecuencia especialmente importante: esta institución confirma los nombramientos presidenciales de jueces federales, miembros del gabinete y embajadores. Una mayoría demócrata podría bloquear o retrasar candidatos propuestos por Trump y dificultar la renovación de puestos clave de la Administración.
También cambiaría la negociación presupuestaria. La oposición tendría más instrumentos para presionar a la Casa Blanca en cuestiones como la financiación del Gobierno, el techo de deuda y las prioridades del gasto público.
3. Los republicanos mantienen el control de ambas cámaras
La continuidad de las mayorías republicanas permitiría a Trump afrontar los dos últimos años de su mandato con un Congreso favorable, aunque la estrechez de los márgenes podría obligarle a negociar con legisladores de su propio partido.
Los republicanos podrían presentar el resultado como un respaldo a su gestión y utilizarlo para mantener el impulso de su programa económico, migratorio y de política exterior. También conservarían el control de las comisiones parlamentarias y de los mecanismos de supervisión del Ejecutivo.
No obstante, una victoria republicana no eliminaría las tensiones internas ni garantizaría que todos sus congresistas respaldasen las decisiones de Trump. Las diferencias sobre los aranceles, el gasto público, la guerra de Irán o la política fiscal podrían provocar enfrentamientos dentro del propio partido.
4. Un Congreso dividido: cada partido controla una cámara
Existe también la posibilidad de que los resultados dibujen un poder repartido. Los demócratas podrían recuperar el Senado sin conquistar la Cámara de Representantes, o los republicanos podrían conservar la cámara alta mientras pierden la baja.
En cualquiera de estas combinaciones, la capacidad de negociación se convertiría en un elemento central de la política estadounidense. Si los republicanos mantuvieran la Cámara de Representantes y los demócratas consiguieran el Senado, Trump conservaría un terreno favorable para impulsar proyectos legislativos en la cámara baja, pero tendría más dificultades para conseguir la confirmación de sus candidatos a puestos judiciales y administrativos.
En el caso contrario —una Cámara de Representantes demócrata y un Senado republicano—, la oposición podría investigar al Gobierno y bloquear parte de su agenda desde la cámara baja, mientras los republicanos seguirían controlando las confirmaciones y la actividad legislativa del Senado.
Trump seguirá en la Casa Blanca, pero su margen político puede cambiar
Más allá de cuál sea la combinación final, estas elecciones no deciden quién ocupa la presidencia. Su importancia reside en determinar los límites institucionales y políticos a los que se enfrentará Trump durante los dos años que le quedan de mandato.
El presidente ha advertido de que utilizará el veto para frenar iniciativas que considere contrarias a su programa. Sin embargo, esa herramienta no resuelve todos los conflictos: el Congreso conserva competencias presupuestarias, de supervisión y de confirmación de nombramientos.
La economía doméstica, el precio de los combustibles, la atención sanitaria y las consecuencias de la guerra de Irán han ganado protagonismo en la campaña. También será determinante la participación electoral, especialmente en los estados donde los escaños se disputan por márgenes estrechos.
La jornada del martes servirá, por tanto, para medir el respaldo ciudadano a los dos primeros años del segundo mandato de Trump y establecer el equilibrio de fuerzas con el que terminará su presidencia. El resultado no decidirá por sí solo el futuro político del republicano, pero sí puede transformar la relación entre la Casa Blanca y el Congreso. @mundiario
