QUE NO SE APAGUE TU LLAMA

Por: Héctor E. Contreras.

hector.contreras26@gmail.com

San Juan 12:35-36.

¿Cuál es el secreto para centrar nuestra atención en Dios y tener vida interior? Existe una historia de un rey hindú que tenía fama de ser indiferente a las riquezas materiales que poseía; también era un gran temeroso de Dios. Un súbdito suyo quiso averiguar el secreto del soberano que no se dejaba deslumbrar por el oro, joyas y los lujos que caracterizaban a la nobleza de su tiempo. En un banquete ofrecido por el rey, después de los saludos de lugar, aquel hombre curioso, se le acerca y le dice: Majestad, “¿Cuál es su secreto para cultivar la vida espiritual en medio de tanta riqueza?” A lo que su anfitrión le contesta: Te lo revelaré si recorres conmigo mi palacio junto conmigo para comprender la magnitud de mi riqueza. Pero lleva una vela encendida, si se apaga, te decapitaré. Luego de finalizar el paseo real, el rey le preguntó: ¿Qué piensas de mis riquezas? El visitante respondió: No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama de la vela no se apagara. El rey le dijo: Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama interior, que no me interesan las riquezas de fuera. Te invito, en el nombre de Cristo Jesús a que mantengas tu llama encendida todo el tiempo, dejando de lado todo lo que te rodea y hace que te desvíes de tus propósitos por cosas baladíes. 

 “Envía tu luz y tu verdad, éstas me guiarán: Me conducirán a tu santo monte, Y a tus moradas. Entraré al altar de Dios, Al Dios de mi alegría y de mi gozo; Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío”, Salmo 43:3-4. La fe es una decisión consciente de actuar conforme a lo que Dios dice que es verdadero, no una reacción pasiva del creyente ante su circunstancia personal. Como todo, la fe requiere que se practique para que crezca y se fortalezca. La fe viene por la Palabra de Dios iluminada por el Espíritu Santo y se manifiesta por medio de la obediencia. La fe requiere un compromiso indiviso que nos aparte de la duda y la vacilación. Confía en el Espíritu Santo de Dios, que ilumina las Escrituras para que te guíe cada día. Luz y verdad, van de la mano en la vida de todo aquel que ha confesado a Jesucristo como su Salvador personal. 

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”, I-Pedro 2:9-10. Los redimidos por la Sangre del Cordero de Dios, son considerados un sacerdocio “real”. Así como sucedió con el pueblo de Israel cuando fue liberado de su esclavitud en tierras lejanas. Después que Dios nos llama de las tinieblas y nos lleva a su luz admirable, experimentamos el poder prometido para su obra en esta tierra, llevándonos a alcanzar victorias espirituales jamás soñadas por nosotros. De esta manera, el poder del reino de Dios se conserva libre de contaminación externa, tal como el rey hindú de la introducción, porque hemos sido llamados de la oscuridad a la luz y esa luz es Cristo Jesús en nuestros corazones. Busca que esa luz viva en ti. 

Se que lo he escrito antes, pero entiendo que debo plasmar una vez más las enseñanzas de estos dos versículos de la Biblia. 1-) Somos linaje escogido: un pueblo que empezó con la selección que hizo Jesús de los 12, quienes llegaron a ser 120, y a los que fueron añadidos miles en Pentecostés. Somos parte de esa generación que crece constantemente, “escogidos” cuando recibimos a Cristo en nuestros corazones. 2-)  Somos real sacerdocio: Bajo el antiguo pacto, el sacerdocio y la realeza estaban separados. Nosotros somos ahora, en la persona de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, “reyes y sacerdotes para Dios”. Una hueste que adora y un sacerdocio real, gente preparada para caminar con él a plena luz, porque él es nuestra luz. 3-)  Somos una nación santa: compuesta de judíos y gentiles, de toda nación bajo el cielo y 4-)  Somos un pueblo adquirido por Dios, su gente escogida: La intención de Dios, desde los tiempos de Abraham, ha sido escoger a un pueblo para enviarlo con una misión especial; la de proclamar su alabanza y propagar su bendición a lo largo y ancho de toda la tierra. ¡Bendito sea Dios! Porque nos ha llamado de la oscuridad de las tinieblas a su luz, que es Cristo Jesús. Permitamos que nuestra luz, que nuestra llama se mantenga encendida en todo el tiempo. 

“Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas;  porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. Entre tanto que tenéis luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos”, San Juan 12:35-36. La luz ha llegado a nosotros y al llegar, debemos luchar por andar en ella. No permitamos jamás que las tinieblas nos sorprendan, porque si andamos en tinieblas, nuestros pasos serán inseguros, porque nunca sabremos donde pisan nuestros pies. Creamos a la luz que alumbra a todo hombre, para que seamos llamados hijos de luz. Sobre este mismo tema, el apóstol Pablo nos dice lo siguiente: “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor, andad como hijos de luz”, y “Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo que dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo”, Efesios 5:8 y 5:13-14

Estamos llamados por Dios para vivir en su Luz, porque su evidencia viva es Cristo Jesús, quien dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, San Juan 8:12. Cuando Jesús pronunció estas palabras, estaba en el templo, donde se llevaban las ofrendas y donde encendían lámparas que simbolizaban la columna de fuego que guió al pueblo de Israel por el desierto, según Éxodo 13:21-22. Bajo este contexto, Jesús dijo ser la luz del mundo. La columna de fuego representaba la presencia, la protección y dirección de Dios. Jesús trae la presencia, la protección y la guía de Dios. ¿Es él la luz de tu mundo? Te invito a que recibas esta luz y nunca permitas que deje de brillar en ti.  

En ocasiones deseamos vivir como mejores creyentes espirituales, pero sin decidirnos a apartar la mirada de las cosas que nos rodean y deslumbran a la vez con su aparente y atractiva belleza. Lo recomendable es mirar retrospectivamente hacia nuestro interior y avivar nuestra llama espiritual. Es la única forma de mantener viva nuestra llama. Crecerá nuestro amor por la familia y a nuestros semejantes los veremos como imagen de Dios. 

Dios nos bendiga en abundancia y su llama permanezca encendida siempre.

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