Pastor Andrés Martínez.
Isaías 41:10 «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia».
Mateo 28:20 «Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén».
Los profetas y apóstoles siempre nos hablaban acerca del amor que Dios que tiene para todos sus hijos, y nos enseñaron lo que podemos hacer para sentirlo en nuestras vidas diciendo: “Tu Padre Celestial te ama; ama a cada uno de ustedes. Este amor nunca cambia”. De igual manera que nunca cambia el amor de un padre o una madre hacia su hijo, ese amor que Dios nos profesa, “no se ve influenciado por la apariencia, por las posesiones, o por la cantidad de dinero que tengas en el banco, ese amor no cambia sin importar la base de tus talentos o tu capacidad. Siempre está ahí, siempre existe.
El amor de Dios, estará para ti así estés triste o cuando estés feliz, cuando estás desanimado o cuando esperas algo. Y sí, el amor de Dios está allí para ti y a veces necesitamos que algo nos lo recuerde.
Nunca debes de perder la fe en tu Padre Celestial, que te ama más de lo que podrás comprender. Nunca dudes de eso, y nunca debes endurecer el corazón.
El amor de Dios y de su hijo, Jesucristo, es eterno y es inamovible. Incluso antes de que el mundo fuese, había un Padre amoroso en el Cielo y su amado hijo que dió su vida por nosotros, por la salvación de nuestros pecados, siempre recuerda que Dios te amará para siempre, desde tu primer respiro hasta tu último aliento.
Siempre debemos hacer todo lo posible para acercarnos al Padre Celestial. ¿Cómo podemos lograrlo? simple y sencillo: debemos orar a Dios y escucharle todos los días. Realmente lo necesitamos en todo momento, ya sea en esos momentos de sol o en los momentos de lluvia. Su promesa está siempre escrita y no debemos olvidarla: “Nunca te dejaré ni te abandonaré”.
Es muy complicado saber cómo utilizará Dios las cosas que aparentemente son malas para nuestro beneficio. A veces no logramos captar el plan superior que tiene Dios para con nosotros, sin embargo, nunca debemos olvidarnos de ese amor que Dios profesa sobre nosotros y de aquella promesa bíblica de amor incondicional. Nosotros te aseguramos que es verdad esa promesa que la Biblia nos menciona, la bondad de nuestro Padre Celestial se hace evidente aún en tus dolores, dificultades y situaciones tristes.
Debes descubrir en cada acto como Dios convierte tu lamento en alegría, pero para eso debes ser paciente, y además debes de ver cómo cosechar y aprender a ver las abundantes bendiciones que te concede aún en tus horas y momentos más oscuros.
Debemos aceptar humildemente lo que hace Dios con nuestras vidas aunque no siempre parece tener sentido, en el momento menos esperado lo tendrás. Sólo debemos confiar en que Dios tiene el control de todo, que nos ama y que pronto conoceremos la respuesta.
¿Dónde está Dios?
Porque cuando estamos bien no nos acordamos de él, más cuando estamos mal acudimos e imploramos por sus milagros y bendiciones, nunca olvidemos que por muy mal que vayan las cosas él siempre está a nuestro lado, él no nos da problemas que no podamos superar y vencer, el maestro siempre está en silencio cuando el alumno hace el examen.
¿Por qué me abandonas en momentos difíciles?
¿No serás tú que como hijo de él no lo acompañas lo suficiente en tus días? Él nunca nos abandona, pues el reino de él es para valientes, para guerreros, ¿Quién dijo que los caminos de él son fáciles?, claro que no, porque él mismo lo dice en Josué 1: “mira que ten mando a que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, pues Jehová tu Dios está contigo donde quiera que vayas”. Entonces, ¿Por qué cuando tienes problemas lo único que haces es flaquear y pelear con tus fuerzas? ¿Acaso no tienes un padre que es dueño del mundo entero y que nunca dejará caer en vergüenza a sus hijos?. Nunca podemos dudar de que todo saldrá bien a pesar de que cada día el panorama se ponga oscuro, pues no olvidemos que después de una tormenta viene la calma y sale un hermoso arco iris, recordándonos el pacto sagrado que Dios hizo entre él y el hombre.
No puedo más, me rindo. ¿Cómo nos vamos a rendir si él es quien pelea nuestras batallas? Cada victoria que nos llega es proporcionada por nuestro Padre Celestial, el afila nuestras armas y da fuerza a nuestras manos para poder empuñarlas y defendernos del enemigo. Cada obstáculo que se presente es una prueba más que él nos pone para probar nuestra valentía y nuestra fe en él, pues Dios tiene propósitos maravillosos para cada uno, dependerá de nosotros alcanzarlos o dejarlos ir. Pues él dice en Jeremías 1, 5: “Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones”. Esto es un llamado a que a pesar de que en el mundo las cosas no anden bien, todo tiene su propósito listo por Dios y cada vez que veamos que no hay salida, pensemos en esta frase ¿Si Dios está conmigo quien contra mí?, porque es muy verdadera, el sólo espera que nos abandonemos en sus brazos y permitamos que haga lo que tenga que hacer en nuestras vidas y seguro que cuando esto suceda todo empezará a ir muy bien.
Siento que hemos perdido la fe. No podemos perderla, esa es la que nos sostiene en momentos de mayor dificultad, no podemos confiar nuestros problemas a nadie más en el mundo que a Dios, pues, a unos no les importa como estemos, a otros les dará alegría y buscarán como hundirnos más y a los que si les importa tampoco tendrán todas las soluciones que necesitamos. Muchas veces el agobio, la tristeza y el desánimo es solo la ausencia de Dios en nuestras vidas, pero que hacemos; intentamos llenarlas con una pareja, con un empleo o con supuestas amistades, pero cuando llegamos a casa después de un largo día, nos volvemos a sentir solos y vacíos.
Por eso mi invitación hoy es a que oremos, intimemos con Dios, adorémosle en cada momento, seguro que cuando esto suceda y la relación con Dios se recomponga todo será distinto. Es justo ahí, donde vamos a encontrar esa paz y esa tranquilidad que sobrepasa todo entendimiento.
Hace algún tiempo una señora, estaba demasiado desesperada en el mundo, sus finanzas flaqueaban, el amor se había ido, sólo se podía refugiar en las fiestas y malas amistades, pero llegó Dios y le dijo: «Confía en mí y sígueme, no tomes por poco lo que te digo». Ella le respondió: «Dios, pero ¿Cómo lo hago? soy tan miserable y lo único que tengo para darte son $200 que tengo en mi bolsillo, no tengo más y mis manos están vacías», y el volvió a decirle: «Sólo sígueme», y ella lo hizo, dejó todo y confió en él, tanta fue su fe que se lo dió todo a él sin razonar y Dios le prosperó su empresa y sus propósitos.
Por eso queridos lectores, que no nos de miedo cuando todo vaya mal, al contrario sigue sonriendo y orando que Dios sabe por qué hace lo que hace con tu vida.



