La victoria de la Lista Estudiantil en las elecciones del domingo marca un cambio político de gran alcance en Serbia. La coalición vinculada al movimiento anticorrupción ha derrotado al bloque del Partido Progresista Serbio (SNS), poniendo fin a catorce años de predominio político asociado a Aleksandar Vučić, presidente desde 2017 y primer ministro desde 2014. El resultado abre una nueva etapa, pero no resuelve automáticamente los problemas que impulsaron las protestas.
Las celebraciones se extendieron por Belgrado, Novi Sad y Niš, donde miles de personas salieron a las calles. Los estudiantes resumieron el momento con una declaración publicada en redes sociales: «Serbia es libre». La frase refleja el alcance simbólico de la derrota del antiguo bloque gobernante, aunque la transformación institucional que reclaman sus votantes apenas comienza.
El movimiento surgió de una indignación que fue más allá de las diferencias partidistas. El 1 de noviembre de 2024, el derrumbe de una marquesina de hormigón en la estación ferroviaria de Novi Sad causó la muerte de 16 personas. La tragedia se convirtió en emblema de las sospechas sobre la corrupción, la supervisión de las obras públicas y la responsabilidad política. Los críticos relacionaron los fallos del proyecto de renovación con un sistema de contratación y gestión que, a su juicio, necesitaba una investigación más profunda. Vučić y su partido han rechazado las acusaciones de corrupción y de manipulación de los medios.
Una de las particularidades de la Lista Estudiantil es que no está encabezada por una figura política convencional. El movimiento carece de un liderazgo claramente definido y decidió presentar candidatos para los 250 escaños parlamentarios sin colocar a estudiantes entre ellos. La estrategia buscaba ampliar su atractivo electoral y evitar que la iniciativa quedara reducida a una protesta universitaria.
El candidato principal, Ilija Srdanović, cardiólogo y profesor universitario, se convirtió en una de las caras públicas de la campaña, pero no se le considera necesariamente el futuro primer ministro. Según las proyecciones de las encuestadoras independientes CeSID e Ipsos citadas en las informaciones, la lista habría obtenido alrededor de 140 escaños. Entre los nombres mencionados figuran el exgobernador del Banco Nacional de Serbia Dejan Šoškić, el actor Tihomir Stanić, el exjugador de baloncesto Dejan Bodiroga y varios profesionales de distintos ámbitos.
Esta composición refleja la voluntad de incorporar perfiles con experiencia en instituciones, economía, cultura y educación. Sin embargo, la diversidad de los candidatos también plantea una dificultad: coordinar intereses diferentes y alcanzar acuerdos sobre las prioridades de gobierno. La capacidad para movilizar a una sociedad descontenta no garantiza, por sí sola, la experiencia necesaria para administrar el Estado.
Los estudiantes han presentado su participación institucional como una continuación de la lucha en las calles. Su objetivo declarado es que los representantes elegidos entren en las instituciones para ejercer sus funciones con responsabilidad y sin olvidar el mandato recibido. El reto consiste en mantener esa conexión con la ciudadanía una vez que las decisiones dejen de depender de las concentraciones y pasen a negociaciones parlamentarias, presupuestos y nombramientos.
La TV: el conflicto marca el comienzo de la transición
La tensión se hizo visible el lunes por la noche, cuando unas treinta personas entraron en la redacción de Informer TV, una cadena favorable a Vučić, e interrumpieron su actividad para exigir la detención de su director y propietario, Dragan Vučićević. Las imágenes emitidas por la propia televisión mostraron a los manifestantes rodeándolo mientras algunos gritaban «¡Así es la Serbia libre!» y «¿Dónde está ahora Vučić?».
El expresidente calificó el incidente, en una publicación en Instagram, de ataque contra la libertad de expresión y el periodismo. El episodio evidencia una contradicción que acompañará a la nueva etapa política: el deseo de revisar el papel de los medios que respaldaron al gobierno saliente puede chocar con la obligación de proteger la libertad de prensa, también cuando se trata de empresas periodísticas cuestionadas por su línea editorial.
La Asociación Independiente de Periodistas de Serbia anunció que solicitaría la revocación de la licencia de emisión de Informer, alegando infracciones sistemáticas de la legislación y de las obligaciones de programación. Su director respondió que la nueva mayoría pretende prohibir medios desde el primer día. Esa acusación es una declaración de parte y deberá contrastarse con los procedimientos y las pruebas que presenten las autoridades competentes.
También hubo concentraciones ante la cadena privada Pink TV, igualmente favorable al antiguo presidente, mientras la policía acordonaba sus instalaciones. En paralelo, la radiotelevisión pública RTV, en la región de Voivodina, abrió su informativo nocturno con una disculpa a los espectadores por no haber cumplido su función, debido a una cobertura que describió como unilateral y poco crítica.
El contexto explica la dimensión del conflicto. Reporteros Sin Fronteras situó a Serbia en el puesto 104 de su Índice Mundial de Libertad de Prensa de 2026. Por su parte, el observatorio electoral Crta señaló que las televisiones de alcance nacional concedieron a representantes gubernamentales tres cuartas partes del tiempo dedicado a políticos y que la Lista Estudiantil recibió una cobertura negativa en más del 80 % de las ocasiones en que fue mencionada. Estos datos alimentan las demandas de reforma, pero cualquier sanción contra una cadena debe apoyarse en infracciones verificables y respetar las garantías legales.
El desmantelamiento del sistema: corrupción, policía y televisión pública
El programa de once puntos del movimiento incluye medidas contra la corrupción, cambios en los cuerpos policiales, reformas del sistema mediático y nuevas reglas para los nombramientos en empresas públicas. Entre sus propuestas figura crear una unidad policial para investigar y detener a responsables de corrupción, apartar de Interior a funcionarios implicados en abusos contra manifestantes o vinculados al crimen organizado y reducir la influencia política sobre la radiotelevisión pública.
El objetivo declarado es que las instituciones dejen de funcionar como extensiones de los partidos. No obstante, el modo de ejecutar estas reformas será tan importante como su contenido. Una purga administrativa basada en criterios políticos podría sustituir a una red de lealtades por otra; las investigaciones, en cambio, necesitan pruebas, independencia judicial y procedimientos transparentes. La rendición de cuentas será difícil de sostener si se confunde con una revancha contra los adversarios.
El desmantelamiento del campamento progubernamental conocido como Ćaciland, instalado durante unos dieciocho meses frente al Parlamento, añadió una imagen de cambio a las celebraciones. Las vallas cayeron entre consignas contra Vučić, en una escena que simbolizó el retroceso de una presencia organizada en apoyo del antiguo poder. Pero retirar un campamento o cambiar responsables no equivale a transformar las reglas que permitieron concentrar influencia política.
La elección de un primer ministro y la formación de un gabinete serán las primeras pruebas para la Lista Estudiantil. Sus representantes deberán acordar prioridades, distribuir responsabilidades y demostrar que el mandato electoral puede traducirse en decisiones sostenibles. También tendrán que responder a las expectativas de ciudadanos que no necesariamente comparten un mismo proyecto económico o institucional, pero que coincidieron en rechazar al bloque saliente.
Vučić, por su parte, advirtió a sus seguidores que el movimiento estudiantil había perjudicado al país y que sería derrotado «más rápido de lo que creen». La frase muestra que la derrota electoral no implica la desaparición de su influencia ni la aceptación definitiva del nuevo equilibrio político.
Serbia entra así en una fase en la que la alternancia deberá medirse por los resultados. La movilización estudiantil consiguió convertir una protesta anticorrupción en una victoria electoral histórica. Su siguiente desafío será construir una mayoría capaz de gobernar y reformar las instituciones sin debilitar las garantías que debe proteger. @mundiario
