El Grupo G no figuraba entre los más atractivos cuando se realizó el sorteo del Mundial 2026. Bélgica aparecía como clara favorita para terminar en lo más alto de la clasificación y Egipto partía con cierta ventaja sobre Irán y Nueva Zelanda en la pelea por la segunda plaza. Sin embargo, el camino estuvo lejos de ser sencillo para los dos equipos que acabaron avanzando.
La primera gran clave del grupo fue Bélgica. Los europeos cumplieron con el objetivo y acabaron líderes, pero lo hicieron dejando más dudas de las esperadas. No fueron una selección dominante durante las dos primeras jornadas y llegaron a la última fecha con mucho trabajo por hacer. Solo entonces apareció la versión más convincente de los belgas para cerrar el grupo en la primera posición.
La segunda clave tuvo nombre propio: Egipto. La selección africana firmó una de las noticias más positivas de esta fase de grupos al conseguir el pase a la siguiente ronda.
No llegaba rodeada del foco mediático de otras selecciones africanas, pero fue capaz de competir con personalidad, sumar los puntos necesarios y escribir una página importante en su historia mundialista.
También merece reconocimiento el papel de Irán. Los iraníes no lograron clasificarse, pero estuvieron en la pelea hasta el último momento.
Compitieron en todos sus encuentros y demostraron que podían discutirle el protagonismo a selecciones con mayor tradición en este tipo de torneos. La eliminación llegó por detalles, no por una diferencia evidente sobre el terreno de juego.
Nueva Zelanda tampoco fue el rival cómodo que muchos esperaban. Terminó cerrando la clasificación del grupo, pero ofreció más resistencia de la que refleja la tabla. Durante buena parte de la competición mantuvo opciones matemáticas de avanzar y obligó a sus rivales a trabajar para superar sus partidos.
Otra de las claves estuvo en la tensión permanente que acompañó al grupo. No hubo exhibiciones continuadas ni una selección que marcase diferencias desde el primer día. La clasificación cambió varias veces de manos de forma provisional y las cuentas estuvieron abiertas hasta la última jornada.
Sin embargo, toda esa incertidumbre no desembocó en una sorpresa. A diferencia de otros grupos donde aparecieron resultados inesperados o eliminaciones sonadas, el Grupo G terminó respetando la lógica que parecía imponerse desde el sorteo. Bélgica acabó primera y Egipto ocupó la segunda plaza.
Esa es, probablemente, la mejor definición de lo que dejó este grupo. Hubo nervios, sufrimiento y más dificultades de las previstas para los favoritos, pero cuando llegó el momento decisivo fueron ellos quienes dieron el paso adelante. Bélgica sobrevivió al caos, Egipto hizo historia y el Grupo G confirmó que en los Mundiales no siempre gana el que mejor juega, pero sí suele avanzar quien mejor sabe competir. @mundiario
