José Mourinho ha convertido sus comparecencias en un escenario de confrontación con el arbitraje español. Tras el derbi contra el Atlético de Madrid, el portugués apareció con fotografías impresas para denunciar dos expulsiones que, a su juicio, debieron señalarse.
Desde entonces, el discurso de la persecución arbitral al Real Madrid ha ido ganando protagonismo. Sin embargo, el encuentro del pasado domingo ante el Sevilla volvió a demostrar que las decisiones discutibles no siempre perjudican al conjunto blanco.
El Real Madrid goleó por 4-1, pero el partido quedó marcado por una acción de Arda Güler sobre Peque con el marcador todavía sin goles. El Sevilla reclamó la expulsión del turco, que minutos después abrió el marcador.
El problema fue la ausencia de imágenes concluyentes. Ni el VAR ni la realización televisiva ofrecieron una toma suficientemente clara para determinar si existió una agresión merecedora de tarjeta roja. Una limitación difícil de justificar en un encuentro de semejante repercusión.
Tampoco quedó resuelta la posible falta de Konaté sobre Robbie Ure antes del segundo gol de Mbappé. El delantero sevillista cayó cuando podía marcharse hacia portería, en una acción que habría adquirido especial gravedad de confirmarse una infracción del último defensor.
A ello se sumó una carga de Cucurella sobre Peque dentro del área madridista que tampoco recibió sanción. Otra decisión discutible que alimentó el malestar de un Sevilla que terminó el encuentro profundamente indignado.
Distinto fue el penalti señalado sobre Mbappé por una acción de Castrín. Existió contacto y hay argumentos reglamentarios para sostener la decisión. Criticar el arbitraje no obliga a considerar incorrecto absolutamente todo lo que se pita a favor del Madrid.
Lo verdaderamente cuestionable es la facilidad con la que Mourinho denuncia una supuesta persecución. Tras el encuentro aseguró que no había encontrado imágenes que justificasen las protestas sevillistas y volvió a insinuar que las decisiones arbitrales tenderán a perjudicar a su equipo.
La polémica llegó, además, a una semana del Clásico. Luis García Plaza llegó a plantear que quizá no interesaba que el Madrid afrontase el encuentro a nueve puntos del Barcelona. Una sospecha grave, pero sin pruebas que permitan atribuir intencionalidad a los responsables de la competición.
El Real Madrid llegará finalmente al Spotify Camp Nou a seis puntos del líder. Mourinho tiene derecho a reclamar arbitrajes justos, como cualquier entrenador, pero la credibilidad de sus denuncias exige aplicar el mismo criterio cuando las decisiones discutidas afectan a sus rivales. La justicia arbitral no puede depender del escudo. @mundiario
